domingo

las cuatro de la madrugada,
las llaves en la estantería,
la cama esperando a mi derecha
y yo parada, mirando la vida pasar

en ocasiones,
cuando la realidad se da de bruces contra nosotros,
todavía cerramos los ojos y dejamos que nos embista
sin parar
y cerramos los ojos todavía más fuerte, creyéndonos valientes
cuando en realidad somos débiles como hojas al viento

pensaba que quedaba una bala en la recámara
un último cartucho que quemar antes de salir agujereada
y resulta que tú eras esa última bala que me disparé a bocajarro y se ha quedado incrustada en el esternón
y no sales
ahí estás
y cuando en ocasiones siento que te sueltas
te clavo un poco más hondo
y te noto al respirar porque me aprietas los pulmones
pero no te dejo ir

porque has sido la bala que más me ha dolido
porque me la he disparado yo
a sabiendas de que no quedaba nada más
consciente de que solo yo puedo sacarla y abrir los ojos
y sobre todo
consciente de que ante las heridas abiertas miro hacia otro lado

3 comentarios:

  1. Y es que hay pocas cosas peores que enamorarse de nuestras heridas, porque acabamos abriendo las cicatrices y engangrenando el corazón.

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  2. me he leído todas tus entradas hasta llegar a la última que leí, me encanta leerte, es tristemente bonito. dices cosas que he sentido pero jamás he podido expresar de ninguna manera, y tú escribes y lo dices con palabras como si fuese lo más sencillo del mundo. lo haces fácil. y doloroso.
    inevitable sentirme identificada en lo de cerrar los ojos con fuerza y dejar que la vida te embista.

    (abrazo fuerte)

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  3. Me ha encantado leerte. Transmites tan bien los sentimientos que, decididamente, me quedo aquí. Ha sido un placer descubrirte. Un beso.

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