sábado

cumplehistoria : término imbécil que acaba de ocurrírseme para denominar los casi trescientos sesenta y cinco días desde que me volví gilipollas por tu culpa.

juro que se me escapaba el alma entre suspiros al verte, al pensarte. te presentaste como esa ansiada historia del mejor amigo que enamora perdidamente a la chica y que se vuelve algo bonito, y acabaste como los dramas que me obligo a ver cuando estoy tan saturada que necesito llorar para vaciarme. las palabras bonitas, el agarrarme la mano, hablar sin parar, sentir a montones... dos días duraron, y ya pronto escapaste para no enamorarte. y yo, ¿qué? que moría por dentro al notar que te ibas, que cambiabas, que corrías si hacía falta solo para alejarte mientras yo caminaba a saltos de alegría. y ahora, ya no sé qué siento por ti. no puedo echarte de mi vida, no puedo desengancharme, y continúo temblando cada vez que tu mano roza mi espalda para desabrocharme el sujetador mientras me muerdes el cuello. pero te odio, te odio tanto como te quiero, si es que ese verbo puedo aún aplicarlo a tu nombre. me destrozaste de tal manera que no confío ni siquiera en tus sonrisas, a los te quiero que me dices al oído les añado el 'follar' que tú no pronuncias, y las ganas de llorar se han quedado estancadas en el día que fui totalmente consciente de que no era mi culpa. en ocasiones, pienso en lo brutalmente bonito que sería abocarme al cliché peliculero de verme todos los dramas posibles mientras como a cucharadas todos los botes de helado que mis ahorros puedan permitirme comprar, y donde después me tiro en la ducha, posición fetal incorporada, a llorar mientras escucho todos y cada uno de los singles más lacrimógenos que me aparezcan por delante. y después recuerdo que todavía me queda orgullo y amor propio, y dejo de destrozarme a mí misma por un rato, corto. 

juro que no sé que siento, y puedo ser capaz de afirmar que no siento nada, aunque más bien me temo que siento tanto que no puedo ni sentir nada por separado. como si mi vida estos trescientos sesenta y cinco días hubiesen sido un huracán que ha cogido fuerza, por momentos, y todavía quedan algunos coletazos de viento que van a seguir despeinándome sin poder evitarlo. la de veces que me he puesto las canciones que más me recuerdan a ti, e intento obligarme a llorar, y ni siquiera así. o cuando me clavo las uñas en la palma de la mano porque tengo tantas, pero tantas, ganas de gritar hasta dejarme la garganta, que necesito una vía de escape diferente. las veces que me he tragado gemidos cuando me follas, sin un por qué aparente. habría dado cualquier cosa por ti, me habría enamorado, sin dudarlo, sin demora y sin pensar, y yo misma fui quien se cortó las alas, rastreando las cicatrices con los dedos día tras día, segundo a minuto, deseando que desapareciesen milagrosamente pero sabiendo que existen cicatrices que no pueden desaparecer. y escribo, te escribo para no decírtelo, para vaciarme otro poco más y seguir siendo yo quién aguanta el puñal junto a la yugular, día tras día. 

hemos perdido, tú a mí, y yo los trozos de alma que he ido dejando por el camino. 

juro que te habría dicho que si a cualquier cosa, 
y ahora solo te digo que si a sudar en el asiento trasero de tu coche.

1 comentario:

  1. Es contundente, demoledor... y triste. Tienes una voz poderosa.

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